viernes, 9 de julio de 2010

Observar los Cuerpos Celestes

Hasta hace pocos años, para observar el cielo con telescopio había que acudir a un observatorio astronómico y seguir las indicaciones de un astrónomo. Hoy, los avances de la óptica permiten a cualquier aficionado desponer de instrumentos de calidad para realizar buenas observaciones. Y todo ello se debe a los telescopios reflectores.


Al principio conviene mirar al cielo sólo con los ojos y adquirir cierta práctica en algunas operaciones, como la orientación, antes de querer moverse entre constelaciones, estrellas y planetas.
En primer lugar hay que encontrar el Norte, si fuera necesario con brújula. Conviene saber que la dirección indicada por la punta oscura de la aguja es la del Norte magnético, que no coincide con la del Norte geográfico. De todas formas, el ángulo entre ambas direcciones (llamado declinación magnética) es muy pequeño y puede desestimarse.
En las latitudes medias Norte, subiendo en vertical desde el punto Norte indicado por la brújula, se halla una región en la que destaca una estrellita poco brillante, aunque bastante aislada. Se trata de la Estrella Polar, que se halla, grosso modo, a medio camino entre el horizonte y la vertical que sale sobre nuestra cabeza (cénit). Es la última estrella de la Osa Menor, fácilmente reconocible gracias a la conjunción de dos estrellas brillantes de la Osa Mayor: son estrellas que, en nuestras latitudes, se ven siempre (son circumpolares).
Es fácil localizar las constelaciones principales. Sólo hay que seguir una sucesión de alineaciones entre estrellas brillantes que suele aparecer marcada en los mapas estelares.

Para empezar a orientarse en el cielo es preferido escoger un lugar no completamente oscuro, de forma que sólo se vean bien las estrellas más brillantes. Con una linterna muy débil y con luz centrada, puede intentarse seguir las estrellas y constelaciones más conocidas.
Después, cuando pasemos a objetos menos luminosos, convendrá recordar que es mejor no mirar directamente el cielo en la dirección en que se hallen, sino que es preferible hacerlo en dicha dirección con el rabillo del ojo, así, la sensibilidad ocular es superior.
Una vez que no tengamos problemas en reconocer las constelaciones, podremos intentar ver algo con unos prismáticos o un telescopio pequeño.


Pueden observarse muchas cosas en el cielo nocturno. En primer lugar, las estrellas. Para observarlas e identificarlas, sólo hay que contar con algo de práctica, a pesar de que se requiere un análisis más preciso y experto para buscar sistemáticamente una estrella, identificar constelaciones menores o reconocer y observar las masas estelares y nebulosas.
También podrá apreciarse que la luminosidad de determinadas estrellas varía con el tiempo; es probable que se trate de estrellas dobles, estrellas variables, novas o incluso supernovas. A menudo los aficionados, con su apasionado, sistemático y atento escudriñamiento del cielo, descubren nuevos cuerpos y se los muestran a los astrónomos profesionales. En cambio, es difícil que descubran nuevas galaxias, porque, a pesar de ser cuerpos muy luminosos, se hallan a distancias enormes de la Tierra. De los más de 100.000 millones de galaxias existentes, sólo tres pueden verse a simple vista (aunque con dificultad). Sólo una mirada experta puede identificar la Gran y Pequeña Nube de Magallanes o la galaxia M31. Además, las Nubes de Magallanes, descubiertas en 1519 por ese famoso explorador portugués, sólo se observan en el hemisferio austral (la Pequeña Nube se halla entre las constelaciones de Dorado y de la Montaña de la Mensa, y la Grande, en Tucán). La galaxia M31 es más conocida con el nombre de Andrómeda; puede verse en la constelación de Andrómeda y cuenta con dos galaxias satélite (NGC 221 y NGC 205), ambas visibles a simple vista. Observar los cuerpos del sistema solar procura muchas satisfacciones: en primer lugar, la Luna con sus aspectos cambiantes y, después, los planetas rocosos (sobre todo Marte y Venus; Mercurio, debido a su cercanía con el Sol, cuesta mucho de ver) y los gaseosos, enormes, con abundantes satélites y colores, como Júpiter y Saturno con sus anillos. Con un poco de suerte, puede observarse un asteroide o un cometa.
Los planetas se diferencian con facilidad de las estrellas. En primer lugar, no todos emiten destellos, sino que tienen una luz “firme”, debido a que no son puntiformes y, por tanto, la interferencia con la atmósfera no es tan importante. Además, los planetas se desplazan, respecto a las estrellas fijas, de forma consistente al cabo de varios días. Aprender a distinguir los movimientos y prever su órbita es relativamente fácil. Más difícil resulta observar un cometa. Hay que tener mucha paciencia y ojo para poder distinguirlo de otros cuerpos celestes cuando aún no está lo suficientemente cerca del Sol como para que desarrolle la cola.
Las “estrellas fugaces”, meteoritos que precipitan en masas, son un espectáculo del que todos podemos disfrutar, porque resulta imposible observarlas con aparatos y la única posibilidad que ofrece la tecnología es fotografiarlas con una larga exposición.

A diferencia del resto de los cuerpos celestes, nunca hay que observar el Sol directamente, pues hacerlo a ojo descubierto puede lesionar la vista para siempre y con prismáticos o telescopio lleva a la ceguera completa. Tampoco hay que fiarse de los cristales ahumados ni de las lentes tratadas; ni siquiera así hay que mirar directamente al Sol. Conviene evitarlo siempre.
El mejor modo de observar el Sol es el mismo que se usaba en tiempos de Galileo: proyectando su imagen en una pantalla, así nos aseguraremos de no mirarlo nunca directamente, ni siquiera por accidente. También en ese caso hay que tomar precauciones para no quemarse: el instrumento que proyecta la imagen del Sol en la pantalla concentra la radiación y la temperatura, y esta puede aumentar hasta incendiar el papel. El mejor momento para observar el Sol es al alba o al ocaso, porque la luminosidad no es tan elevada y pueden recogerse mejor los detalles de la fotosfera.

Fuente: Atlas ilustrado del Cielo

7 comentarios:

Ally dijo...

¡¡Hola!!
Gracias por seguir mi blog, yo tambien sigo el tuyo.

Anónimo dijo...

cuando una pone obcerbar los cuerpos celestesd ppor telescopio es por telescopio no por microoescopio

Daniel dijo...

Hola anónimo/a. No sé a qué te refieres.
Lo primero que tendría que hacer es descifrar un poco tu comentario...
Lo segundo, si lo dices porque crees que lo que sale en la foto es un microscopio (se dice así, no microoescopio) pues no lo es.
Eso se llama TELESCOPIO, no MICROSCOPIO. Lo has captado, ¿no?
Además si sabes leer un poquito puedes ver como no hago mención en ningún momento de microscopios.
Espero no recibir más comentarios absurdos como este.

Anónimo dijo...

Que cuerpos celestes conocen que no pueden observarse a simple vista,pero si mediante un telescopio?

Daniel dijo...

Hola anónimo/a. Antes que nada, gracias por la visita y perdón por el retraso en la respuesta.

Para empezar, aunque preguntes sobre cuerpos que no se puedan ver a simple vista, yo insisto en ver planetas como Júpiter o Saturno, que se pueden ver a simple vista.
Encontrar cuerpos celestes que no se vean a simple vista viene a ser más complicado, pues tienes que buscar su coordenada en el telescopio para encontrarlo, aun así no es muy difícil (depende de la magnitud del mismo).
Ver nuestra galaxia vecina Andrómeda es muy interesante (en cielos contaminados es prácticamente imposible de ver a simple vista). Los cúmulos de estrellas son también muy llamativos, como el que se encuentra en la costelación Scorpio.
Es algo difícil de responder con exactitud a tu pregunta, ya que desconozco los instrumentos que tienes, el cielo que ves y la contaminación lumínica de éste. Aun así, espero haberte ayudado mínimamente.
Un saludo y espero volver a verte por aquí.

Anónimo dijo...

Me paresio genial pero me serviria mas si... ¿existen mas tipos de telescopios para ver los cuerpos celestes?

Anónimo dijo...

genial